La ignorancia científica siempre trae disgustos, que se lo pregunten a Franco. Es una historia más o menos conocida que quiero reseñar en el Blog y aportar algún documento. Nada más acabada la Guerra Civil española y con un país aislado internacionalmente un austriaco nos “coló” unas patentes para obtener un combustible bueno, bonito y barato. Parece que nadie receló del “timo de la estampita”, bien por la ignorancia científica, bien por el régimen dictatorial imperante, o por ambas cosas. El caso es que a nuestro amino austriaco, Albert Elder von Filek se le entregó una buena cantidad de dinero para permitir al país obtener la autonomía en materia de carburantes. ¡Teníamos hasta la patente! Un 75% de agua, un 20% de jugos y fermentos de plantas y otro 5% de elementos que constituían la parte secreta de la receta. A continuación os dejo un extracto del libro Franco de Paul Preston sobre la biografía del dictador en donde habla del falso petróleo sintético.

El carácter desesperado de las dificultades económicas de España parece haber fomentado la credulidad de un hombre con escasa formación económica y pocos conocimientos científicos. A principios de 1940, poco después del anuncio de los ficticios descubrimientos de oro, Franco declaró que España pronto sería autosuficiente en energía, y un país rico exportador de petróleo. La razón de esta afirmación era un falso petróleo sintético supuestamente inventado por un austriaco, Albert Elder von Filek, que se había ganado la confianza de Franco, y le había persuadido de que mezclando agua con extractos de plantas y otros ingredientes secretos, el producto obtenido por destilación sería un combustible superior a la gasolina. Von Filek se había presentado como un partidario convencido de la causa nacional que había sido encarcelado por los republicanos en Madrid durante la Guerra Civil. Afirmaba tener espectaculares ofertas de las grandes compañías petroleras del mundo para comprar su invento, pero como Franco explicaba a Lequerica con gran alegría, la admiración de Von Filek por el Caudillo era tal que le cedía gratuitamente su invento. Se concedió a Von Filek el uso de las aguas del río Jarama y la tierra de sus riberas para construir una fábrica. A Franco le aseguraron que los camiones que transportaban el pescado a Madrid desde los puertos marítimos del norte habían utilizado este combustible. El chófer del Caudillo formaba parte del engaño y le convenció de que su propio coche había funcionado con el combustible. Se construyeron grandes tanques subterráneos para contener el petróleo que ahorraría a España ciento cincuenta millones de pesetas anuales en divisas. Al final, el fraude salió a la luz y Von Filek y el chófer fueron encarcelados.

No solo se engaño a un gobierno, los medios de comunicación, atemorizados o ignorantes (o las dos cosas de nuevo) lanzaban en primera plana tal extraordinaria noticia que nos permitiría la autarquía en materia de combustibles. Indagando en las referencias encontré el documento de la portada del diario La Vanguardia (magnífica hemeroteca del diario) del jueves 8 de febrero de 1940. ¡Qué fácil se engañaba entonces! ¡Y que fácil se sigue engañando ahora!



Si leéis la noticia, cuya imagen amplio, ya estaba proyectada la planta de producción, con sus obreros y, por supuesto, casas para los mismos. A orillas del rio Jarama pues su agua debía de ser la mejor para obtener el combustible… Vale, esta ficción hecha realidad es de 1940, pero ¿no nos suena la historia a otros engaños pseudocientíficos más actuales? A lo mejor no salen en portada, pero sí en la contra…